8/06/2006

Las primeras producciones

Poco a poco el cine deja de ser considerado un fenómeno de circo, un arte de “ilusionistas” para comenzar a ver reconocida su función social y sociológica. En este sentido, es claro el ejemplo del rey D. Manuel II que al acceder al trono, inesperadamente, por el regicidio de 1908, consciente de que su imagen era poco conocida por el pueblo, aceptó ser rodado con frecuencia por Costa Veiga, especializado en el rodaje de documentales, de cuyos trabajos destacan las imágenes de los viajes reales oficiales a España y Francia.
Este uso del cine como instrumento político es también notable en el documental de 1909 de Manuel Cardoso El cacao esclavo y El trabajo indígena en Santo Tomé, considerado por algunos como la primera película enteramente colonial de todo el mundo. La película intentaba lavar la imagen negativa que holandeses e ingleses daban a la explotación del cacao por los portugueses en Santo Tomé y Príncipe al acusarlos de usar esclavos en la tarea.
Fue en 1909 cuando Manuel Cardoso y João Freire Correia (1861- 1929) fundaron “Portugalia Filmes”, desarrollando un valioso trabajo en el campo del documental al filmar acontecimientos tan diversos como el terremoto de Benavente en abril de ese año, o la proclamación de la República el 5 de octubre de 1910.
Si bien, tímidamente, es durante la primera década del siglo XX cuando el cine portugués da sus primeros pasos en el campo de la ficción. En 1907 el actor Lino Ferreira incluye en la revista que representa Ó da Guarda una corta filmación El rapto de una actriz que combinaba la representación teatral con la imagen registrada en una original experiencia precursora de los espectáculos multimedia.



El gran éxito de la primera cinta de acción en todo el mundo, The great train robbery, cuyo principal personaje era el legendario Jesse James, generó la idea de hacer algo semejante en Portugal basándose en una figura mítica del país, el “Temible” bandido Diogo Alves. El proyectó se concretó en 1911 con el estreno de la película de João Tavares (1883-1971), que alcanzó un estruendoso éxito y pronosticó una brillante carrera comercial para su autor.
También fue significativo el éxito comercial de Reina después de muerta, de 1910, película histórica realización del actor Carlos Santos (1871-1949), basada en la legendaria historia de amor entre D. Pedro I e Inés de Castro.
Las dificultades económicas con que se encontraría la República en su primer lustro y la participación de Portugal en la I Guerra Mundial junto a los Aliados supondría un parón en el desarrollo de la industria cinematográfica, periodo durante el cual la producción fue muy reducida y de escaso interés. Solamente la creación de los Servicios Cinematográficos del Ejercito, encargada de documentar la participación portuguesa en el conflicto, dinamizó la producción de películas y desarrolló en ciertos aspectos las técnicas de rodaje.

En 1918 José Leitão de Barros, periodista y profesor de matemáticas, realiza Mal de España y “Malmequer”, revelando gran procupación estética y usando por vez primera en Portugal la técnica del “tintado”, consistente en pintar algunos metros de película de determinados colores, con el objeto de transmitir así los sentimientos de los personajes o, simplemente, para marcar la distinción entre la noche y el día. Leitão de Barros proyecta una tercera película de El hombre de los ojos torcidos, que no se llega a concretar debido a que las estructuras de producción en Lisboa aún están lejos de proporcionar la capacidad de continuidad requerida en el cine.

La situación para la fecha es bien distinta en Oporto, donde el año 1917 marcó el renacimiento de una empresa cinematográfica que había comenzado su actividad cinco años antes de forma bastante insegura.

Invicta Filmes, fundada en Oporto en 1912, en los inicios de la República por Alfredo Nunes de Mattos, pasará de la producción de pequeños documentales como Exercícios dos Bombeiros Municipais do Porto; Monoplano “Commet”; Festas da Aviação em 1912; Visita ao Porto do Presidente da República o Exercícios de Artilharia, de 1914; Chaves, Incursões Monárquicas; Naufrágio do “Silurian”; Plácido Abreu treina-se y Expedição Militar a Angola, un año después; Expedicionários em Campanhã, de 1917, y humorísticos como Frei Bonifacio, a poseer el más completo estudio de cine de toda la Península Ibérica. Aunque la empresa dependía técnicamente del trabajo de extranjeros, particularmente franceses, los temas de sus películas fueron siempre portugueses, centrándose en la literatura nacional del siglo XIX.




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