8/06/2006

La variedad de los años 30

Lentamente, el cine portugués se fue caracterizando por una cierta regularidad en su producción. A pesar de que no podían esperarse grandes beneficios, debido a las especificidades geográficas y económicas del país, no hay que olvidar que siempre se contó con el mercado de Brasil, en donde el cine portugués gozaba de gran reputación,lo que le reportaba notable éxito comercial. En 1936 se dio el caso de la película Bocage, firmada por Leitão de Barros que, de ser un fracaso en Portugal, acabó por ser rentabilizada gracias a su éxito en Brasil.

La década de los 30 se distinguió además por la producción de películas de muy diferentes estilos, si bien en muchos de ellos se resaltaba el carácter “auténtico” de la vida rural frente a la artificialidad de la vida urbana, como muestra de los valores ensalzados por el régimen autoritario de Antonio de Oliveira Salazar (1889-1970). Esa apología de los valores “más puros” se encuentra en dos películas de referencia de esta fase, todavía inicial, del cine sonoro portugués: María Papoila y Canción de la tierra . La primera dirigida por Leitão de Barros y protagonizada por una brillante y jovencísima Mirita Casimiro (1918-1970), en el papel de una criada llegada de provincias a la capital. La película inevitablemente concluye con el regreso de la criada a la vida sencilla de su pueblo que preferirá a la artificiosidad de las relaciones humanas y del ambiente cosmopolita de Lisboa. Gracias al éxito de Canción de Lisboa , las producciones que la siguieron solían incluir canciones, muchas veces fuera de contexto, lo que a la larga acababa por desequilibrar su estructura narrativa.
Resulta difícil clasificar el estilo de La canción de la tierra, de Jorge Brum do Canto (1910-1994), relizada en 1937 en la isla de Porto Santo ( Madeira). En realidad, se trata de uno de los filmes más complicados de etiquetar en términos de género de toda la cinematografía portuguesa. Y también uno de los más interesantes.

En 1928, profundamente influido por la estética ligada a la danza, Brum do Canto había dirigido La danza de los paroxismos, que lo mostraba ya como uno de los directores de cine menos convencionales. La canción de la tierra se mantuvo fiel a las expectativas y no defraudó. Teniendo como punto de partida una vulgar historia de amor, la película muestra claramente las difíciles condiciones de vida de los isleños, sujetos a largos periodos de sequía y eternamente condenados a la emigración. Las imágenes tienen una fuerza inusitada con escenas de gran intensidad dramática.
No obstante, el género preferido seguía siendo la comedia, representada en la pantalla por actores de teatro conocidos que encarnaban a tipos populares con los que el público se identificaba.
Una de las comedias más populares de la historia del cine portugués es La aldea de la ropa blanca, de de Chianca de Garcia (1898-1983), que ya había rodado otras dos películas sonoras El trebol de cuatro hojas y La Rosa del Atrio. Rodada en 1938 en los alrededores de Lisboa, fue el resultado de la combinación feliz de un buen trabajo de planificación del escritor José Gomes Ferreira y del montaje del propio Chianca de García, sin olvidar las excelentes interpretaciones del elenco de actores, encabezado por Beatriz Costa.

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